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La película que dejo en coma al cine de superhéroes

© Cordon Press
Se cumplen 20 años del mayor bat-fiasco y hasta su director ha vuelto a pedir perdón. ¿Qué fue lo que salió mal? Casi acabamos antes analizando lo que salió bien.

En una escena de Batman: la Lego-película detienen la trama para rememorar anteriores aventuras del superhéroe, recreando momentos icónicos de las ocho películas de Batman pero con Legos. Cuando llega el turno de Batman y Robin, el único plano que aparece es el del torso del traje, evidentemente, con pezones. Batman y Robin cumple 20 años consolidada como un chiste de la cultura pop, una afrenta bochornosa contra el género de superhéroes y un desastre crítico y comercial que enterró la icónica saga del caballero oscuro, precisamente, porque era de todo menos oscura. Veinte años después, su director Joel Schumacher sigue disculpándose: "fue como si hubiera asesinado a un bebé, me convertí en escoria, pido perdón a todos los fans que se sintieron decepcionados, se lo debo". Para entender la dimensión total de la debacle que supuso Batman y Robin durante el verano de 1997, hay que remontarse a lo que la industria de Hollywood sigue recordando como "el incidente del Happy Meal".

La misión de Tim Burton con Batman en 1989 no era fácil, aunque él hizo que lo pareciera. El personaje llevaba dos décadas asociado en el imaginario colectivo al placer culpable gracias a la histriónica, tontorrona y paródica versión de la serie de televisión. Batman, protagonizada por Michael Keaton, Jack Nicholson y Kim Basinger, fue un acontecimiento cultural que devolvió la solemnidad y la dignidad al millonario taciturno, se convirtió en la segunda película más taquillera de la historia y generó millones a través de camisetas, gorras, muñecos cualquier objeto en el que cupiera el símbolo del héroe. Su secuela, Batman vuelve, levantó una expectación incomparable en 1992. Hasta que la vieron. Una horda de padres indignados promovieron el boicot a McDonald's por promocionar en sus Happy Meals una película tan siniestra, grotesca y sangrienta en la que los villanos no eran simpáticos excéntricos sino abominaciones predatorias del subconsciente de Bruce Wayne, y de la que los niños salían llorando. McDonald's retiró los anuncios, Batman vuelve fracasó en taquilla y Warner Bros invitó a Tim Burton a retirarse de la saga sin terminar su trilogía prevista. De ahí nació Batman Forever.

Lo primero que hizo Warner fue quitarse de encima a los dos actores negros contratados para interpretar a Dos Caras y a Robin, Billy Dee Williams y Marlon Wayans, quienes hoy siguen recibiendo cheques anuales para compensarles por aquel despido improcedente. El nuevo director, Joel Schumacher, era un artesano solvente (aunque por culpa de Batman y Robin pocos lo recuerden), que había demostrado tener oficio en Un día de furia o El cliente. Lo primero que hizo Schumacher cuando se reunió con Michael Keaton fue preguntarle "¿pero por qué tiene que ser todo tan oscuro?". Keaton salió pitando y fue reemplazado por Val Kilmer. Batman Forever, promocionada como una explosión de fantasía y colorines, logró el mejor fin de semana de la historia y acabó el año como la película más taquillera de 1995. Y sí, en Batman Forever ya había pezones, pero no le importó a nadie. La lógica sugería que la cuarta entrega, Batman y Robin, tenía que ofrecer más de todo: más neones, más chistes, más pelucas, más bat-patines sobre hielo y más pezones. Muchos más pezones.

La idea que planteó Tim Burton era recuperar a todos los villanos de la trilogía (Joker, Catwoman, Pingüino, Dos Caras y Enigma) en un último enfrentamiento a muerte. La respuesta de Warner se redujo a tres palabras: "¿y los juguetes?". Si no había nuevos villanos, no habría nuevos juguetes, y el "incidente Happy Meal" aún atormentaba a los ejecutivos. Así que Schumacher, cuya pretensión era (aunque no lo parezca en absoluto) adaptar Batman: año uno de Frank Miller, se debió de decir a sí mismo: "¿queréis juguetes? Pues vais a flipar". Warner estaba entusiasmada con las escenas que iban viendo del rodaje, hasta el punto de poner en marcha una quinta parte cuando esta cuarta aún no estaba terminada. Schumacher acabó la película dos semanas antes de lo previsto. Todo eran alegrías. Y entonces se estrenó la película.

Batman y Robin no pierde el tiempo a la hora de dejar claro que no sólo no se toma en serio a sí misma, sino que se hace tanta gracia que se ríe de sus propios chistes. Este es el primer diálogo:
Robin: Quiero un coche, a las chicas les encantan los coches.
Batman: Por eso Supermán trabaja solo.
Alfred: ¡Cancelaré las pizzas entonces!

Batman y Robin no es ningún accidente que mató la saga, es un asesinato deliberado, con nocturnidad y alevosía, que se congratula de incluir no sólo bat-pezones, sino bat-primeros planos de culos y paquetes, y que le da al villano, Mr Frío, 31 juegos de palabras con "frío", "hielo" y derivados. Treinta y uno. De 81 frases que tiene en total. "¿Sabes qué mató a los dinosaurios? ¡La edad de hielo!", "permíteme romper el hielo, mi nombre es Frío, apréndetelo porque será el sonido helado de tu perdición", "si la venganza es un plato que se sirve frío, ponte el traje de los domingos ¡porque es la hora del atracón!", "la previsión de esta noche es... ¡se avecina una helada!", etcétera. Etcétera. Etcétera.

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